Estamos en una ciudad mal hecha. Es un caos precioso, perfecto, asfixiante
El ritmo de la música me explotaba en los oídos.
Al voltear vi como su cabellera se agitaba, vi como por sus caderas resbalaban las notas musicales. El vestido rosa y blanco ondulaba como un vaivén, a pesar de lo ancho del vestido, el movimiento funcionaba como un péndulo hipnotizante
Drein parecía disfrutar el ritmo, cada minuto era un regalo del cielo/infierno para ambos. Mientras ella se deleitaba bailando, yo imaginaba con precisión la temperatura de su cuerpo, la agitación de su respiración, el color sonrosado de su cara.
Los ojos marrones se clavaron en mí. Desde el otro lado de la habitación, con luces vacilantes y música a alto volumen, Drein me desarmó por completo. Mientras Reznor gritaba su cercanía con Dios, el ángel de la muerte esbozaba una sonrisa. La chica se acerco lentamente a la mesa, se sentó con las piernas cruzadas y el muslo que dejaba entrever el vestido fue la estocada final: oficialmente estaba vencido.
La música se fue apagando y las conversaciones de los presentes pasaron a ser el soundtrack principal de la noche. El lugar no estaba tan congestionado y al finalizar la canción todos regresaron a sus puestos.
- Hey extraño
How you doing? - y de nuevo la deslumbrante sonrisa.
- Hola guapa guiñé el ojo en busca de un ademán seductor- ¿Qué tal la pista?
- Algún día te haré bailar a mi lado
Quizás a la luz de la luna
¿no me dejarías bailando sola, verdad? -y su mirada se vistió de un tono pícaro, fue una de esas miradas que van mucho más lejos que las palabras entonadas-.
- Algún día
-cerré mis ojos y me acerque para besarla. Tal como imagine su temperatura había aumentado, su respiración iba más rápido y al finalizar el contacto su cara estaba rosa
o quizás roja-.
Por esos minutos el mundo se nos había desaparecido. Sólo estuvimos ella y yo en esa habitación, mientras los demás eran cubiertos por una capa de invisibilidad o ¿fuimos nosotros los que nos escondimos debajo de esa capa?
Al abrir los ojos, nuestros amigos actuaban disimuladamente indiscretos. Quité mi mano de su cintura, y al desprender la otra de su rodilla izquierda ella coloco sus manos sobre la mía, para que la mantuviera donde estaba; nos reímos como dos adolescentes de 14 años y regresamos a compartir la charla con los demás. En mi cabeza quedaba el sonido de su respiración y el agradable sabor de sus labios.
Despertar a su lado era el momento más genial del día. Ver la línea de sus hombros y poder recorrerla mentalmente hasta terminar la espalda podía mantenerme tumbado en la cama hasta que ella despertase, o, hasta que cediese a mis impulsos y la recorriera con mis labios, para luego encontrarme con sus brillantes ojos abiertos como platos, que gritaban por un beso de los buenos días.
Todo en Drein me hacía querer abrazarla, besarla, todo en ella provocaba que la extrañase. No sé en qué momento paso de ser la chica nueva a querer despertarme con ella todos los días, por siempre, para siempre.
La primera vez que la vi me convulsionó el mundo. Hubo algo en ese Hola desinteresado que me marco hasta el sol de hoy. Luego querer verla se fue convirtiendo en rutina, el hambre de su presencia se convirtió en padecimiento, el deseo por ella en tortura. Hasta el día en que mis nervios me permitieron hablar, preguntar, acercarme como había querido desde algunas semanas antes.
Al mes siguiente éramos inseparables. Toda la gente que nos conocía no salía de su asombro al saber que empezamos, un tiempo después, a vivir juntos. La vida del uno se mezclo con la del otro y ahora despertar a su lado era lo más genial del día. Regresar a casa y abrazarla valía cada segundo de una existencia que siempre me negué a disfrutar. Besarla, poseerla, sentir el corazón de ambos a un ritmo inesperado
todo eso era la conjugación de un milagro, los momentos por los que valía la pena respirar, enfrentar el mundo, vivir y morir.
Era un viernes por la noche, un viernes más, salvo por el pequeño detalle de que mi cabeza parecía estar por explotar por la migraña, por lo que le dije a Drein que saliera con sus amigas sin preocuparse por mi, que me tomaría un par de pastillas y me tumbaría en el sofá a dejar que hicieran lo suyo. En un principio estaba dudosa al respecto, pero logré convencerla de que sus amigas estarían más que felices de verla y tener una noche de chicas.
Eran cerca de las 10 de la noche cuando se paró entre la TV y mis ojos, coqueta como siempre, con su vestido verde esmeralda, tacones a juego y el cabello suelto y ondulado, más que suficiente para hacer pasar un millón de pensamientos por mi mente en una fracción de segundo, se inclinó sobre mi y sin dejarme articular palabra me besó, fue un beso corto, pero sabía bien lo que quería decir.
- Trataré de no llegar muy tarde, deberías descansar un rato, así tienes energía para cuando llegue dijo mientras su mano acariciaba mi pierna y se mordía levemente el labio-
No pude decir nada, ella se dio media vuelta, tomó sus llaves y salió de la casa con toda la gracia que solo un ángel posee, y yo sonreía, sabía que era mi ángel.
Las horas pasaron levemente, lo mismo que el molesto dolor de cabeza que me había impedido salir de casa; entre tanto cambiar canales me topé con Closer, una película que siempre hemos adorado, y la dejé correr, cuando terminó miré el reloj, eran ya casi las 4am y Drein aún no volvía, decidí llamarla, solo para asegurarme de que todo estaba bien. El teléfono repicó cuatro veces, luego de lo cual fui dirigido al buzón de mensajes, eso quería decir que la niña desvió la llamada, estaría divirtiéndose, por lo que no insistí más.
Pasados unos 15 minutos mi celular empezó a sonar, miré la pantalla pero para mi sorpresa el número era desconocido. Atendí y me topé con una dulce voz:
- Buenas noches, ¿es usted el Sr. Tarappa?
- Buenas noches. Reí por un momento- No, así se apellida mi novia, pero vivimos juntos, ¿en qué le puedo ayudar? Y sin saber porque, empecé a sudar frío-.
- Señor, le hablo de la Clínica Madre Teresa, lamento informarle que la Srta. Drein Tarappa ingresó hace media hora, proveniente de un choque
- ¿Está bien? ¿Qué le pasó? Interrumpí, ya con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada-.
- Lo siento Señor, pero la Srta. Tarappa falleció un par de minutos luego de haber ingresado.
Me quedé totalmente en silencio, sentía la humedad cubriendo mi rostro, como mi temperatura bajó drásticamente y el celular se escurrió entre mis dedos, cayendo al piso, quebrando el profundo silencio que había invadido la casa.
Desperté.
Fue un sueño, un mal sueño, sudaba frío, al igual que en él, y las sabanas estaban empapadas en sudor; miré el reloj, eran las 10 de la mañana, se me había hecho tarde. Voltee hacia el otro lado de la cama, no esperaba verla allí, pero como era costumbre, yacía en su lugar uno de sus vestidos, casualmente -o quizás no tanto- uno verde esmeralda, que no era el del sueño, pero se le parecía mucho.
Como era tarde me dí una ducha rápida, en veinte minutos estaba listo, tomando las llaves del auto nuevo y dirigiéndome a mi cita habitual de la fecha. Manejé por casi una hora, en silencio, solo se oía el murmullo de la ciudad fuera del vehiculo y no me perturbaba. Llegué a mi destino, ubiqué un sitio para aparcarme, dejé el coche y empecé a caminar, me detuve un momento a comprar una docena de rosas blancas las favoritas de Drein- en un kiosco y enseguida seguí mi camino.
La caminata pareció durar más de lo que recordaba seguramente efecto de la ansiedad-, pero había llegado a su fin, allí estaba yo, parado delante de ella, miles de nudos invadiendo mi garganta mientras me acerqué y como pude balbuceé.
- Hola cielo, ya llegué, discúlpame la demora, pero estaba soñando contigo
con lo que pasó aquella noche
Y no pude decir más, los nudos se apretaron y las lágrimas empezaron a caer sobre la piedra blanca y fría sobre la que se podía leer
Drein, ángel que iluminó mi vida. 1982 2008












